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BAHÍA BLANCA: HISTORIAS DE TOLDERÍAS, UN FUERTE, EL PUERTO Y LOS INMIGRANTES

El pasado 11 de abril celebró un nuevo aniversario la ciudad de Bahía Blanca, en la provincia de Buenos Aires. Fundado como fuerte fundacional en 1828, no obstante, tuvo un riquísimo pasado histórico relacionado con la presencia de los pueblos originarios de la zona.

FUNDACIÓN

El Coronel Ramón Bernabé Estomba debía fundar el puerto y el establecimiento de la bahía Blanca, como su único Jefe. La campaña se inició en marzo de 1828, con la partida del ingeniero Narciso Parchappe y una escolta. Tenían la misión de determinar el lugar exacto de donde emplazar el puerto, sus baterías defensivas y un fuerte que le diera seguridad. En la ría bahiense lo esperaba la Sumaca Luisa con el apoyo logístico en materiales, como para recorrer la bahía y determinar el fondeadero que se convertiría en Puerto.

El coronel Estomba llegó con el segundo escalón de la columna expedicionaria el 9 de abril de 1828 y aprobó los sitios elegidos por Parchappe, tanto para el puerto, como para el fuerte. No obstante, la primera descarga en el puerto se había registrado el 2º de abril de 1828, antes de que se fundara la fortaleza y el poblado.

En el rudimentario puerto de la boca del Napostá se instaló el destacamento naval que se componía del práctico Domingo Laborda y 5 marineros que contaban con una chalupa y dependían de la Capitanía de Puertos de Buenos Aires. Las instalaciones eran sumamente rudimentarias.

Desde Región Atlántica dialogamos con la Doctora en Historia, Ana Luisa Dozzo, directora del Museo Histórico de Bahía Blanca que funciona en un antiguo hotel de inmigrantes, y con el escritor e investigador César Puliáfito.

Dozzo, acerca de aquellos primeros años fundacionales, cuenta que “el fuerte originario estaba acompañado de un proyecto de una población y de un puerto, que no imaginemos que era un puerto tal cual hoy lo entendemos sino como una especie de embarcadero. En torno a ese embarcadero se van a instalar las primeras industrias, como los saladeros, según testimonian los documentos, y también una población que se iba a llamar La Nueva Buenos Aires según estaba en proyecto. Pero Bahía Blanca recién fue reconocida como ciudad en 1895, ahí adquiere esa jerarquía en coincidencia con la realización del segundo censo nacional”.

“En el caso de nuestro Museo, éste se origina en el Teatro Municipal y se inaugura por primera vez en 1951. A partir de 2012/ 2013, comienza el traslado hacia el ex Hotel de Inmigrantes, que fue construido en 1890 y que hay hoteles similares en otras provincias de la Argentina”- narra– “Estamos en un edificio muy importante, de los pocos que se conservan en la ciudad de fines del siglo XIX, compartiendo espacio con otras dependencias que funcionan aquí”.

César Puliáfito, por su parte, también hace una extensa y rica referencia a lo que ha investigado en todos estos años sobre la historia de `Bahía Blanca: “Los europeos llegan en fuerte cantidad en 1856, pero la fundación fue mucho antes y fue una Torre de Babel, fue un milagro esta fundación porque era una ventana a las guerras civiles, acaecidas luego de las guerras de Independencia. Los hacendados querían pasar del Río Salado hacia el sur, y algunos se habían vinculado con los tehuelches y los tenían incluso en sus estancias. Rosas entendía ese tema porque hablaba araucano, tehuelche o mejor expresado, que después la gente empezó a llamarlos los pampas. Esta gente se estaba integrando, pero todo estaba vinculado a la estrategia nacional. Era un país que venía de una larguísima guerra, con vastísimos territorios, poco capital y muchos menos habitantes. Además, combatiendo contra un Imperio fuerte como era Brasil”.

“En 1827 se da el ataque brasilero a Patagones (Carmen de), el último bastión soberano hacia el sur. Muchos gobernadores, como Las Heras y Rivadavia, se habían dado cuenta de que la bahía blanca era uno de los pocos lugares que tenía un puerto importante. El puerto era estratégico porque cada vez que había problemas en Buenos Aires con otras provincias, se bloqueaba”, cuenta Puliáfito.

En el transcurso de la entrevista, Puliáfito hace hincapié a los trascendentales hechos que se suscitaron en aquellos tiempos, período en donde sucedió por ejemplo la Guerra contra Brasil y todas las convulsiones que se suscitaban en la sociedad de aquellos tiempos: “Patagones no aparece en las grandes historias del país, pero fue fundamental la defensa que ahí hicieron los maragatos en la defensa del fuerte”.

Dozzo cuenta que, sobre estos hechos que se narran, en el Museo “se cuenta con imágenes y con una serie de croquis que recrean el espacio donde se instaló la fortaleza y tenemos la reproducción del acta fundacional, cuyo original se encuentra en el Archivo General de la Nación, que es del 9 de abril. En realidad, se conmemora el día que empieza a construirse en fuerte fundacional. Tenemos documentos en el Museo desde el año 1832, que son los primeros pedidos de tierras para cultivo porque ya en ese momento había cierto poblamiento que era muy básico, tenemos las primeras imágenes de Bahía Blanca del año 1869 y que corresponden a la Iglesia, la escuela, una vista de la parte posterior de la Iglesia, y hay reproducciones de grabados donde se puede ver una ladea muy incipiente. Pensemos que estamos hablando de una época en la que las comunicaciones, especialmente para aprovisionamiento, se daba por vía marítima en goletas o en bergantines, había empresas que se encargaban de este trayecto que también estaba conectado con Patagones; la conexión más segura por tierra es de fines del siglo XIX”.

En relación a la historia, Puliáfito señala que “en aquellos años fundacionales eran muy comunes los malones, pero que no era sólo el blanco contra el indio, sino que también sufrieron la invasión de los aborígenes trasandinos. Los “pincheiras” verdaderamente arrasaron con pueblo genakenn o tehuelches porque estos guerrilleros chilenos venían, se instalaban en el río Colorado y desde ahí tenían eje para atacar Córdoba, San Luis y Buenos Aires, Bahía Blanca o Patagones, y se abastecían asolando y asaltando a las tolderías”.

Otra historia es la que se fue tejiendo muchos años después con la semilla inmigrante: “Los italianos llegan en 1856 con una cuestión muy exótica, venían de los tiempos de la revolución europeas de los pueblos y del surgimiento de las libertades, estas revoluciones vienen a replicar en una guarnición militar, con una aldea y un puerto que se creó unos días antes que el Fuerte. Este fue un regalo de la guerra de la independencia italiana a esta ciudad del sur de nuestro país, es una de las ciudades donde más italianos vinieron al principio. Después vinieron las otras inmigraciones aluviales, donde venían de a miles”. Ana Dozzo agrega al respecto que tienen una conmemoración anual muy importante, que es el Día del Inmigrante y que se celebra cada 4 de septiembre en la sede del Museo.

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